Si en casa aparecen ventanas empañadas, olor a “cerrado”, manchas negras en esquinas o el baño tarda muchísimo en secarse, casi siempre hay un culpable: el aire no se renueva (ni se extrae) como debería. Y cuando el vapor se queda dentro, termina condensando en zonas frías… y ahí llegan moho y malos olores.
La clave no es “abrir más”, sino ventilar mejor y, sobre todo, extraer la humedad donde se genera.
